He decidido en casa entretenerme con una doble sesión de cine dedicado a mi próximo viaje a Roma y empezado con la maravillosa película de Federico Fellini la Dolce Vita reconozco que no lo había visto completa después de su redigitalización y es verdaderamente maravillosa, me he reído mucho y me apetece mucho ahora cuando visite Roma ir a todas sus localizaciones.

Como segunda película elegí “La Grande Bellezza”  y esta película, aunque más reciente tiene mucho que ver con la primera, en cuanto que retrata a la noche de Roma en los tiempos de las grandes fiestas donde se mezclaban como el carnaval de Venecia, la clase alta, los intelectuales y los comerciantes de bajos fondos, camellos, prostitutas, chulos en fiestas interminables que acababan al amanecer. No sé si tendré acceso a mi viaje a Roma algo tan típico o quizás ya tan atípico en estos tiempos, porque aparte de que las fiestas sean hasta el amanecer, estas tienen un sentido, una clase que hemos perdido desafortunadamente con tanto botellón y tanta disco psicodélica y multitudinaria.
Me gusta lo extraordinario, es por eso que me gusta esta puesta en escena la sofisticación el estilo la forma de llevar la vida y eso se contrapone con el artículo que acabo de leer hoy referente a que en la vida hay que estar expectante como si todo fuera nuevo como si lo más normal fuera sorpresivo y, no esperando grandes sorpresas y exaltaciones puesto que eso es vivir en un completo desasosiego.  Pues todavía no he decidido sobre si es que la vida es esta normalidad anodina, … me interesa o no sé si me interesa.

Cuando uno ya está en la cincuentena, y compara con las fiestas vividas en otros veranos aquí (Nuestro Carnaval de antaño) o en otros lugares, como Ibiza, entre playas y calas para pasar la resaca de noches memorables de fiestas temáticas en Pachá. O Madrid donde también se mezclaban los intelectuales y la bohemia con los niños bien, en aquel final de la movida que tuve la oportunidad de vivir, no deja de asaltarle la nostalgia, aunque no soy partidario de la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”, quizá lo mejor es guardarlas en el recuerdo, atesorarlas y mantener en la memoria esa fragancia de vestidos, estilos y gentes variadas en el como dirían los italianos el “dolce far niente”.

Aun recientemente recibo invitaciones con la promesa de volver a darle al sitio aquel glamour y prestancia de la gente de siempre, pero luego queda en nada, porque ya esa gente “de siempre” está en otra cosa y salvo los días de estreno y muy puntuales no se reedita nada.

Habremos de aceptar los nuevos tiempos y formas, pero sinceramente cada vez me da más pereza formar parte de ellos y dedico mi tiempo libre a otros menesteres, como diría un amigo “de señor mayor”.

Vaya desde aquí un recuerdo a todos esos amigos y amigas que compartieron otros carnavales, y otras fiestas y reuniones, que ya en nada se asemejan a las actuales.

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